miércoles 4 de noviembre de 2009

San Carlos.


En casa.

Hoy ha sido el santo de Carlos. Llevo acordándome desde que me levanté. Él siempre decía que nadie se acordaba de su santo y me obligó a aprendérmelo para que le felicitara cada año. La primera vez que me acordé sin que él me dijera algo sonrió de oreja a oreja. Que bueno es cuando esas pequeñas cosas te hacen ser feliz. Y Carlos estaba llena de grandes y de pequeñas cosas que le hacían ser feliz.
Este año me he acordado de nuevo...
Mis hormonas aún no están haciendo mucho, al menos eso creo. Por ahora sólo estoy con las inhaladas y lo llevo bien. Tengo ganas de empezar de lleno con todo el proceso. Ya queda menos. E intentaré estar tranquila, sobre todo estar tranquila.
Estas semanas se me están pasando volando. Es raro, como si pasaran rozándome, como si no recordara nada o ni sintiera nada. Imagino que es porque hago las cosas por pura inercia. Lo único que me agobia un poco son todas las cosas nuevas que empiezo, las tareas que me he marcado para estar más tranquila, mi preparación para Héctor. Pero creo que todo lo que haga para cumplir mi sueño, por mucho que me cueste, siempre será bueno. Tengo muchas ganas de tener a Héctor. Es el único sueño, de los que teníamos Carlos y yo, que puedo cumplir...
Carlos, mi vida, felicidades por tu santo... Te quiero tanto, mi amor, te quiero hasta la luna y vuelta, te quiero siempre...

miércoles 28 de octubre de 2009

Descansar


Desde el trabajo.

Hoy estoy cansada. Cansada físicamente y mentalmente. Hoy me gustaría que alguien me cerrara los ojos y el alma y me dejara dormir. Pero eso no se puede hacer, ¿verdad? Me gustaría tanto dejar de sentirme así...
Hoy he subido al hospital para hacerme mi primera analítica de sangre para empezar con Héctor. Ha sido eterno, porque a pesar de ir concienciada, a pesar de llevarme pasatiempos, la espera ha sido demasiado larga. Lo he llevado bien, tranquila, intentando tener mi cabeza ocupada y no recordar demasiado, pero cuando me tocaba sacarme sangre me he encontrado con Cristina. Cristina fue la enfermera que nos atendió en el primer ingreso de Carlos. Desde entonces hemos mantenido muy buena relación. Se alegraba mucho con las buenas noticias, se preocupaba en los malos momentos. La he visto hoy y después de hablar con ella el mundo se me ha caido un poco encima. Me mantuve firme, aguanté las lágrimas, pero una enorme sensación de cansancio y de tristeza se apoderó de mí. Y aún está...
Estoy cansada, estoy muy cansada de mantener el tipo, de llevarlo bien, de ser fuerte, de obligarme a cosas. Pero lo malo es que no puedo evitar hacer lo que hago. Y ahora menos, que debo pensar y luchar por Héctor. Pero a pesar de todo necesito decir, aunque sea sólo una vez, que estoy demasiado cansada...
Carlos, mi amor, mi vida, ¿cómo voy a poder con esto? Te quiero tanto, mi lindo agaporne, te echo tanto de menos...Te quiero, te quiero siempre...

viernes 23 de octubre de 2009

Cosas por hacer.


En casa.

Hoy empiezo algo importante y debo confiar en que saldrá bien.
Hoy a las once fui al módulo de fecundación para empezar con el tema de Héctor. Mi cuñada Maite me ha acompañado y junto a mí ha estado esperando casi una hora y cuarto de retraso. Cómo son los hospitales, siempre hacen lo mismo… La cuestión es que, una vez me ha tocado entrar, me han hecho una ecografía y una citología, me han mandado una analítica de sangre y me han explicado el proceso a seguir: me cambian el tratamiento, como yo sólo puedo disponer del esperma de Carlos hasta un año desde su fallecimiento, no se quieren arriesgar y quieren ir a lo más seguro. Tiene sus cosas buenas que es ir más al grano y sus cosas malas que es que me híper estimulen, es decir, que me hormonen tanto que retenga líquido en el abdomen y en el tórax, pero estoy dispuesta a correr ese mínimo riesgo. Ya me han mandado toda la medicación y el día 31 tengo que empezar inhalando unas hormonas cada 12h. Luego sólo es esperar a mi primer día de regla para llamar a mi médico, el Doctor Matani, y empezar en serio. Así que a esperar…
Salí nerviosa, muy nerviosa. Eran demasiados sentimientos entrelazados, pero también estaba emocionada, puede que tenga a nuestro hijo. Pero sé que no sólo va a consistir en eso. Para tener a Héctor y para que esto salga bien tengo otras tareas pendientes, entre las que están controlar mi estado emocional, controlar mis nervios y mis ataques de ansiedad y pensar en positivo, que quizá ahora es lo más difícil. ¿¿¿Cómo puedo pensar en positivo???
Tenemos otra tarea, grumetes. Tenemos otra razón para remar, todos… Pero una parte de mí se niega a tirar hacia delante, una parte de mí quiere seguir escondida y de vez en cuando me cuesta demasiado sacar la cabeza de mi agujero. Tengo que sentarme a pensar. Tengo que centrarme.
Carlos, mi amor, mi vida, cuánto te echo de menos… Cómo te recuerdo en cada instante, en cada movimiento, en cada lugar, en cada pensamiento… Te quiero tanto, corazón, échame una mano, ¿si? Te quiero, vida, te quiero siempre…

domingo 18 de octubre de 2009

Buscando vuelos.


En Madrid.

Llevo unos días en mi tierra, en Cáceres, de ahí que no haya podido pasearme por aquí, a pesar de que pensaba en ello cada día. Ha estado bien, me ha gustado ver a los míos.
Ahora estoy en Madrid. Es domingo y mucha gente aún duerme. Estoy cansada y me duele la cabeza y hoy, casi desde ayer, pienso en Carlos más que nunca en estos días.
Es difícil disimular en algún sitio cuando no estás bien. La gente te mira, preguntando a escondidas y tú no quieres darles ningún motivo para que se preocupen, así que toda tú finges una sonrisa esperando que así dejen de preocuparse, dejen de mirarte y no se les ocurra preguntar. Hay veces que incluso, de fingir constantemente ese estado de ánimo, tú misma te lo crees y entonces, de golpe, como anoche, todo te viene a la cabeza, al alma y quieres salir corriendo. A pesar de eso creo que lo he hecho bien, estos días he estado en casa tranquila, haciendo que mis padres no se preocupen, estando con mis hermanos como si cualquier cosa, respondiendo a los que no se lo creían y pasando los días, que casi era lo que buscaba. Madrid quizá me supera algo más y por eso, aunque mi vuelo sale el martes, estoy buscando billetes para mañana. Tengo ganas de irme a casa. Tengo ganas de oler mi habitación, echarme en mi cama, mirar mis paredes, recordar sin reservas... Estoy un poco agobiada y me quiero ir a casa. Echo de menos mi día a día. Echo de menos mi burbuja.
Carlos, mi vida, mi amor, aquí no me gusta como te pienso, ni como te siento... esto es demasiado real aún y yo te quiero tanto, mi amor, te echo tantísimo de menos. Necesito volver a casa y acurrucarme en tí. Te quiero mi vida, te quiero de aquí hasta la Luna y vuelta. Te quiero siempre...

jueves 8 de octubre de 2009

Bloqueada.


De madrugada.

Llevo más de una hora dando vueltas en la cama. Sé que hoy no voy a dormir más. Me desperté sobre las tres nerviosa, moviendo la pierna e intentando recordar algo que yo misma intentaba bloquear a la vez. He decidido levantarme, es mejor.
He terminado pensando en Maite y Juanjo, mis cuñados. Estaban en Las Palmas el día que nos llamaron desde el hospital para decirnos lo de Carlos. Recuerdo estar en el pasillo de la UCI, dando vueltas mientras veía cómo el médico hablaba con mis suegros y con ellos dos. Recuerdo que no quería pensar y que no dejaba de moverme. Me bloqueé. No quería escuchar, no quería saber nada. Es como si mi cabeza me repitiera todo el rato que no pasaba nada, que tenía que mantenerme fuerte, que tenía que estar serena, por eso no podía escuchar nada: “Ana, no les escuches, no les escuches, tienes que ser fuerte para lo que viene, tienes que ser fuerte… no les escuches, ellos no saben nada...”
A veces pienso que tenía que haber hecho más. Me preguntaron que si quería entrar a verle y no lo hice porque mi cabeza me repetía constantemente que tenía que mantenerme fuerte y no quería ver lo que pasaba. Ahora pienso una y otra vez que tenía que haber hecho más. Estar ahí, con él y no estuve… Sólo intentaba no llorar.
Pienso en Maite y Juanjo y en lo que me alegró que estuvieran allí. Juanjo nos hacía reír a todos y Maite nos transmitía tanta paz.
Hay momentos en los que de golpe todo mi mundo se desmorona, como un castillo de naipes, y los pensamientos invasivos se agolpan en mi cabeza haciendo que todo se bloquee. ¿Qué voy a hacer con mi coco? Como le decía a Carlos en los malos momentos, creo que en ocasiones hay que dejarse caer para intentar levantarse con más fuerza, al menos intentarlo. Por eso escribo aquí, por eso se creo este blog, para soltarlo todo y agarrarse a lo que sea para seguir intentándolo.
Carlos, mi vida, ¿dónde estás? Te echo tanto de menos… Te quiero muchísimo, mi amor, te quiero siempre…

lunes 5 de octubre de 2009

Que sea como tú.



En casa.

De repente voy a tener muchas cosas que hacer: el viernes me subo a un avión con destino a mi pueblo. Allí estaré una semana, para ver a mi familia. Hace casi un año que no voy a mi casa. La última vez que los vi a todos fue en la incineración de Carlos. Vino casi toda mi familia. Incluso mi hermana Belén, que odia los aviones. Es triste pensar que montó en avión por primera vez para algo así. Me habría gustado que vieran mi casa con otro motivo. Muchos de mis hermanos era la primera vez que venían. Ese día estaban en mi casa casi todos. Ahora vuelvo yo. Y la verdad es que no me apetece mucho. Me da miedo salir de mi burbuja. Alejarme de mi espacio.
Luego me voy cuatro días a Madrid. Allí también hay gente que quiere verme. Entre ellos muchos amigos de Carlos que no pudieron estar aquí. Por otro lado está el hecho de ir de nuevo a Madrid. Madrid, Carlos y yo podríamos decir que somos uno...
Cuando vuelva a casa el día 21 tengo cita para terminar de arreglar todos los papeles de Carlos, hacienda, el registro de la casa... Terminar con una serie de documentación necesaria para dejarlo todo arreglado.
Y por último, el día 23: Hector. Por fin empiezo con nuestro sueño. No quiero pensar mucho sobre ello. No quiero darle mucha más importancia de la que tiene. No creo que sea bueno. Pero sí, empiezo con Hector.
Como podéis ver voy a tener unos días en los que voy a tener que mantener el tipo. Estar con la cabeza alta, con la cabeza bien puesta y no dejarme llevar para demostrarle al mundo entero que puedo con esto. Porque una idea que se me repite constantemente estos días es que todo esto, todo lo que pienso, todo lo que siento y mi lamentable vida es asunto mío. Sólo mío. Es mi lucha, algo que no puedo explicar, algo que nadie logra entender. Por eso, lo que para mí se presenta como unas vacaciones un poco agridulces el resto piensa que me sentarán bien. Y cómo explicar que no es así?
Pero mis semanas terminaran con el enano. Con el comienzo de una vida que espero que me llene tanto que casi no entre en mí. Con un suceso que es a la vez lo más alegre y lo más triste. Pero también será mío...
Te quiero, Carlos. Sigo llorando cada vez que te lo digo en alto. Te quiero, mi amor. Y espero que nuestro hijo tenga tus pies y, como desea todo el mundo, que también tenga tu nariz. Te adoro, vida, te quiero siempre...

lunes 28 de septiembre de 2009

Tan lento.


En casa.

Parece que ha pasado un mundo desde la última vez que escribí en el blog. Me siento como si hiciera muchísimo tiempo que no quiero escarbar en mis sentimientos para contároslos. Es raro, porque es como si hubieran pasado meses en los que he estado escondida y de repente debo salir de nuevo. Me incomoda, me angustia, me hace sentir extraña, aunque a la vez me hace forzarme y se supone que eso es bueno...
Este fin de semana ha sido demasiado duro. Creo que se juntaron muchas cosas y lo único que deseaba hacer era evadirme de mi vida, escapar, pedirle a alguien que me sustituyera para poder dejar de ser yo. El viernes, después de la boda de mis amigos Alberto y Nayra me negué a volver a casa. Es raro, verdad? Sólo quería acurrucarme y olvidar. Dejar de sentir, me encantaría dejar de pensar aunque solo sean cinco minutos, sólo eso. Porque he de confesaros que aunque lo intento, aunque pretendo disimularlo, no estoy bien. Estoy a kilómetros luz de estar bien. A veces incluso me pregunto si me viene bien el forzarme en hablar de esto, aunque sea con vosotros. Estoy tan perdida...
Te quiero, mi vida. Todavía me llevo el teléfono al cuarto por las noches pensando que vas a llamarme. Te quiero con locura, mi amor, te quiero siempre...

lunes 21 de septiembre de 2009

Rollitos caseros.


En casa.

Un día antes de ingresar Carlos en la UCI le quité todo lo que llevaba en las manos: su reloj, su pulsera, su anillo de boda… La medicación le hinchaba un poco y no queríamos que le molestara. Desde entonces siempre lo he llevado yo, nunca me las he vuelto a quitar. Este fin de semana me fui a una playa maravillosa: Benijo, y Carlos volvió a apoderarse de su pulsera, porque en un ataque inesperado de olas sentí como se me escapaba de la muñeca y se perdía en el fondo. No me importó, fue en la playa, seguro que él quería volver a ponérsela, o al menos eso me gustó pensar.
Al día siguiente quise darle un descanso a mi suegra y me quedé a comer en casa. Siempre voy a comer a casa de mi suegra, aún sigo sin poder cocinar o más bien sin poder hacer la compra y llenar la nevera. Imagino que me resulta duro comprar para mí sola. La cosa es que como no había nada busqué en el congelador y encontré unos rollitos de primavera que me hizo Carlos. Sus rollitos de primavera de los que tan orgulloso estaba y con razón, porque están riquísimos. Esa fue una de las cosas que le enseñó la enfermedad: a cocinar. Le encantaba y aprendió bien.
Es siempre así, siempre. En cualquier paso, en cualquier cosa, en cualquier cajón… siempre está. Y quiero que siga siendo así, me hace sentirle más cerca aunque a la vez me entristece enormemente… y es todo tan difícil.
Quiero que vuelva… Le daba tanta vida a mi vida. Hacía que todo tuviera sentido. Le quería y me quería, ¿sabéis la suerte que es eso? ¿Que la persona a la que amas con toda el alma te ame igual?
Te quiero mi vida. Te quiero tanto que mi corazón se encoje. Te quiero más que a mí misma. Te quiero, siempre…

jueves 17 de septiembre de 2009

Buscando ángeles.


En casa.

Mi madre me regaló por mi cumpleaños un llamador de ángeles. Es un colgante precioso de plata con una bola tintineante azul. La leyenda cuenta que en la antigüedad los duendes y los ángeles vivían juntos, pero un día los duendes tuvieron que marcharse y entonces, para los momentos en los que se sintieran solos, desprotegidos y tristes, les crearon una serie de joyas que podían hacer sonar y ellos acudirían. Yo ya tengo mi llamador de ángeles y es azul, como el mar. Me gusta escucharlo sonar, cuando me muevo, casi de forma imperceptible, pero tiene un sonido suave, relajante. Me gusta pensar en Carlos cuando suena...
También pienso en Héctor... Carlos y yo siempre tuvimos un sueño: ser padres. Nunca pudimos. Pero ahora he decidido ser madre. Está mi ginecólogo arreglando todo el papeleo y estoy a la espera de que me llame la semana que viene para empezar con ello. Carlos lo había dejado todo arreglado incluso para eso. Todas las autorizaciones firmadas, todo dicho... Me muero de ganas por tener un hijo de mi marido. Sinceramente es lo único que hace que mi mundo no sea un auténtico desastre. Pienso que es una forma de demostrarle a la enfermedad que no ha podido con nosotros, ni siquiera con Carlos. En cuanto tenga a Héctor corriendo por casa, espero que idéntico a su padre, gritaré a lo alto: no pudiste con nosotros.
Mientras tanto esperaré. Seguiré aguantando hasta que pueda, sacando fuerzas de donde casi ya no hay... Pensando en Carlos, echándole de menos e intentando encontrarle un sentido a todo lo que me rodea, que por ahora no lo tiene.
Te quiero con locura, mi amor. Te quiero tanto como de aquí a la luna y vuelta. Y deseo que nuestro hijo se parezca a ti. Te quiero, siempre...

domingo 13 de septiembre de 2009

Mi regalo


En casa.

Hoy no tengo muchas ganas de escribir, no tengo muchas ganas de hablar... Pero desde hace unos días quería hablaros un poco de mi gente, de vosotros, de la tripulación, de todos aquellos que han estado ahí siempre, sin dudarlo, sin pestañear. Quería deciros que aunque el día 10 de septiembre fue un día pésimo sólo hubo dos momentos placenteros: cuando estuve en las Gaviotas, disfrutando del mar y sintiéndome más cerca de Carlos, y cuando en mis no-fiesta me regalaron el vídeo que muestro en el enlace que os adjunto. He tenido que aprender mucho de ordenadores para colgar el video. Era Carlos el que sabía hacer esas cosas, yo no tengo ni idea... Lo que sí os pido es que lo veáis, de verdad, merece la pena. Podéis ver como parte de la tripulación sigue ahí, intentando hacerme sonreír.
A todos, de verdad, a todos gracias. Aunque ahora no sepa demostrároslo, aunque ahora no tenga ningún tipo de emoción, aunque ahora no sea capaz de sentir demasiado quiero que sepáis que lo sé, que sé que estáis ahí. Sólo necesito tiempo...
Y a ti, mi amor, que te quiero. Que te he eché muchísimo de menos el jueves pero estuve cerquita, en nuestra playa, al menos me quedo con eso. Y también sé que tubiste mucho que ver en este regalo. Una vez más, lo tenías todo pensado. Te quiero tanto, mi amor, te quiero siempre...

domingo 6 de septiembre de 2009

Un abrazo


En casa.

A veces me despierto y se apodera de mí la necesidad de que Carlos se de la vuelta y me abrace. Echo de menos ese tipo de abrazo. Ese abrazo en el que te perderías. Ese abrazo en el que te sientes querida, protegida, en el que notas que nada malo puede pasar porque la persona que amas está ahí, a tu lado achuchándote. A veces simplemente necesito que me abracen así, sólo eso, con ese tipo de amor… Pero es duro abrir los ojos y darte cuenta que ya no vas a tener ese tipo de abrazo, que esa persona con la que tenías una conexión especial ya no está. A veces sólo quieres que te quieran tanto con él me quería. Y lo peor no es darte cuenta de que él ya no está, de que ya no te va a poder abrazar, de que no vas a poder sentir esa sensación de amor, de cariño que te envuelve junto a la persona con la que compartes tu vida, sino que además sientes que no vas a poder volver a amar igual. De golpe, en tus primeros minutos de la mañana, te das cuenta que no vas a sentir de nuevo ese tipo de amor que tenía desde hace casi diez años y que además no sabes si vas a ser capaz de volver a sentirlo.
Duro despertar. Dura primera idea. Duro sentir como se te encoge el alma desde primera hora de la mañana…
Disimulas, haces con que no pasa nada y empiezas tu día. Pero el corazón se arruga un poquito, porque me encantaría despertarme, darme la vuelta en la cama y abrazar a Carlos, sintiendo que es la mejor forma de empezar el día, sintiendo que he llenado mis pilas para afrontar lo que haga falta, sintiendo que me quiere y que le quiero más que a nada en este mundo y sintiendo que nada puede haber más perfecto que un abrazo suyo nada más despertar porque me hace sentirme tan llena, tan plena, tan completa y perfecta...
Me encantaría pensar que todos podéis tener un abrazo así al despertar. Es un sentimiento tan increíble que creo que todo el mundo debería tener la oportunidad de experimentar.
Te quiero mi vida. Te quiero más que a nada en el mundo. Y te echo muchísimo de menos, tanto, tanto que duele… Te quiero mi lindo agaporne, te quiero siempre…