
En casa.
Hoy ha sido el santo de Carlos. Llevo acordándome desde que me levanté. Él siempre decía que nadie se acordaba de su santo y me obligó a aprendérmelo para que le felicitara cada año. La primera vez que me acordé sin que él me dijera algo sonrió de oreja a oreja. Que bueno es cuando esas pequeñas cosas te hacen ser feliz. Y Carlos estaba llena de grandes y de pequeñas cosas que le hacían ser feliz.
Este año me he acordado de nuevo...
Mis hormonas aún no están haciendo mucho, al menos eso creo. Por ahora sólo estoy con las inhaladas y lo llevo bien. Tengo ganas de empezar de lleno con todo el proceso. Ya queda menos. E intentaré estar tranquila, sobre todo estar tranquila.
Estas semanas se me están pasando volando. Es raro, como si pasaran rozándome, como si no recordara nada o ni sintiera nada. Imagino que es porque hago las cosas por pura inercia. Lo único que me agobia un poco son todas las cosas nuevas que empiezo, las tareas que me he marcado para estar más tranquila, mi preparación para Héctor. Pero creo que todo lo que haga para cumplir mi sueño, por mucho que me cueste, siempre será bueno. Tengo muchas ganas de tener a Héctor. Es el único sueño, de los que teníamos Carlos y yo, que puedo cumplir...
Carlos, mi vida, felicidades por tu santo... Te quiero tanto, mi amor, te quiero hasta la luna y vuelta, te quiero siempre...








